sábado, 9 de junio de 2012

¬¬ que abandono

Cuanto tiempo sin entrar, casi juraría que lo tenía abandonado ^^. Bueno, ahora voy a ir subiendo de a poco mis cosillas, lease dibujos, pensamientos y mis escritos. También subiré, por puro capricho, las fotos de mis mascotas n_n
Los invito a participar... ♥

Locura





Hacía frío... el viento me lanzaba furioso las heladas gotas de lluvia. Solo podía escuchar mis pasos en las calles mojadas. Estaba oscuro, la nublada noche solo era iluminada por distantes farolas. Caminaba deprisa, con las manos en los bolsillos de mi abrigo completamente mojado. Sentía mi cuerpo entumecerse. Apenas podía ver más allá debido a la copiosa lluvia y el viento que no ayudaba. Tentadores refugios me invitaban a detenerme y resguardarme de la lluvia, pero no podía, no podía detenerme. Era como si me moviera automáticamente. Ni siquiera quería pensar demasiado. Intentaba convencerme de lo que había hacho era perfectamente comprensible, necesario... justificado...
¡Oh Dios mío! lo había hecho. Fue casi sin darme cuenta ¿o quizás eso también es una escusa? Sus ojos… esos bellos ojos que solían mirarme con piedad ahora yacían sin vida… le rogué que no me engañara, que no me mintiera… se lo suplique.
Ahora debo cargar con esta culpa, pero… se lo había advertido, no me escucho, me tomo a la ligera.
Al final de la calle divise mi hotel, un lugar mediocre, pero era todo lo que podía pagar. Corrí los últimos pasos hasta llegar a la entrada, note mis dedos totalmente congelados. Con dificultad hurgue en mis bolsillos en busca de mis llaves y tras un breve forcejeo la abrí. El pequeño hall central estaba mal iluminado, por suerte no había nadie ¿pero, quien en su sano juicio deambularía a las tres de la mañana una noche así? Me acerque al ascensor, pero recordé el estruendo que solía hacer al echar a andar, así que descarte la idea. Comencé a subir las escaleras con cierto sigilo, ahí estaba otra vez la culpa y la oscura idea de justificarme —se lo advertí, sabía a lo que se exponía— una y otra vez me lo repetía para apagar ese fuego en mi pecho, ese fuego que era una agonía, culpa.
Esos cuatro pisos parecieron eternos, pero al fin había llegado. Metí la llave, no fue fácil, mis dedos seguían entumecidos y dolían. Pero por primera vez note que tenía manchas de sangre en ellos. Me alivio no haberme cruzado con nadie, todos allí tenían la maldita costumbre de entrometerse en la vida de los demás. Yo siempre fui muy reservado, eso parecía incitarlos más, basuras humanas… carroñeros!
Rápidamente me saque la ropa empapada y no pude reprimir una sonrisa de satisfacción al darme cuenta que ellos no sabían de mi homosexualidad, ellos no sabían nada de mí, jamás podrían involucrarme, jamás…
¡Qué idiota, ellos no pueden vincularme con ese joven! Nada me ata a él, yo soy un simple obrero, el era un estudiante, con noviecita, y pensar que me hizo caso cuando le dije que no rompiera con ella… al menos fue rápido, sufriré yo más que él.
El agua de la ducha está un poco fría, pero igual me alivia, me limpia, claro que sí. Mis manos y mis pies reviven poco a poco, ahora solo debo abrigarme bien y prepararme algo caliente. Lavar esa ropa, si, ¿o tal vez deshacerme de ella? …
Aún puedo verlo, tirado sobre la cama, desangrándose, con la mirada perdida y su bella cara desencajada… no puedo evitar reírme, no sé si son por nervios o qué, pero de alguna manera lo disfruto. No es mío ni de nadie. Ya quiero verle la cara a ese amiguito suyo cuando se entere, cuando se canse de esperarlo, cuando ninguno de sus mensajes sean respondidos, cuando ya no pueda decirle “te extraño”, “te necesito”, “te amo”…
No, ya no podrá hacerlo, nunca más se verán a escondidas, nunca más. Ya me eh encargado yo de eso. ¿Me pregunto si debería eliminarlo a él también? Borrarle esa sonrisa de suficiencia. Interesante sería que ambos murieran de la misma forma, asesinados con el mismo cuchillo, para que todos se enteraran que sus perfectos hijos y estudiantes eran unos malditos gay… el mismo cuchillo…jajajajajajaja ¡el mismo cuchillo!…jajajajajajajaja………


               A la mañana siguiente, varias patrullas se fueron agolpando frente al 220 de la calle Cevallos, la lluvia había cesado y los policías comenzaron a entrar y con cautela subieron al cuarto piso. Tras un breve golpeteo la puerta fue forzada al no recibir respuesta de su inquilino Allí estaba Armando Vegas, de 42 años, sentado sobre un andrajoso sillón con la mirada perdida, totalmente ebrio. Uno de los oficiales se le acerco luego de identificarse, pero parecía que Vega no podía ni verlo ni oírlo, al acercarse más el policía pudo escucharlo repetir —…el mismo cuchillo, el mismo cuchillo…— El oficial meneo la cabeza, y con la ayuda de sus compañeros lo esposaron y lo arrastraron escalera abajo hasta la patrulla más cercana. El resto de los huéspedes del edificio se habían levantado tras el alboroto, muchos de ellos traía pijama y batas. Algunos miraban con desaprobación, otros cuchicheaban otros contaban lo sucedidos a los recién llegados.
Una vecina escucho al pasar que uno de los policías le decía a alguien—encontramos su nombre grabado en el arma homicida—.
La noticia apareció en la plana del diario local “joven universitario fue asesinado con 20 puñaladas”, “se presume que el homicida tenía una relación sentimental con el muchacho de solo 22 años. Cont. pág. 11”

Otro joven contemplaba la noticia con los ojos humedecidos con lágrimas, su mejor amigo había muerto y él jamás supo que era homosexual, lo curioso era que siempre habían bromeado con ello, enviándose mensajes de texto diciendo cuanto se extrañaban o cuanto se amaban.

                                                                                                                              Fin